Uno empieza a escribir poemas. Es así de simple; primero son malos, y luego son peores (no, no es cierto). Es como cualquier otra actividad: con la práctica, uno va mejorando. Siento que todavía soy bastante malo, pero es más lógico permitir que los demás tengan la oportunidad de juzgar eso.
Mencioné en una de las innumerables páginas que ahora forman este site que una de mis principales fuentes de inspiración es el dolor de tener un corazón perennemente roto, pero mi musa protagonista siempre ha sido la naturaleza, la alegría, la soledad y la vida.
Dejándome de tanto rollo, dejo mis poemas a su consideración:
Los murmullos del agua.
A veces,
cuando se puede oir cantar
de los insectos su llamado,
uno puede escuchar
los murmullos del agua.
I. La fuerza del agua.
De la naturaleza el llamado
y del hombre la canción;
los dulces y falsos arrullos
de la riqueza
cuyo griterío de la humanidad ocupa la mente,
y el color de su alma
se vuelve del tono mismo del poder
y la avaricia,
el daño
y la muerte.
Bienaventurados sean los locos
que solamente desean amar y vivir;
que no tienen las doradas razones
que otros tenemos para matar y morir.
De ellos los cantos son,
y las flores
y la amistad leal de los insectos,
y las danzas de todos los otros animales;
porque ellos
pueden oir
el murmullo del agua. |
II. El llanto del agua.
Sus ojos eran grandes,
como grande su alma pudiera ser,
y profundos como el pensamiento,
y tibios y acogedores
como la profundidad del mar.
Pero la civilización (civilización)
logró detenerlos
y ya no eran grandes,
ni profundos,
ni tibios ni acogedores.
Y lloraron (lloraron)
pero sus lágrimas
curar no pudieron.
Pero la civilización (civilización)
logró amainar su dolor y su pena;
y pudo encausarlo (encausarla)
junto a todos los demás,
pero ya no pudo dormir,
y sus sueños se quebraron.
Siguió llorando,
pero sus ojos
eran planos y grises.
Y ya no volvió a oir
el murmullo del agua. |
III. La risa del agua.
Reía
y era feliz
porque sabía que podía amar,
la promesa del sentimiento
su vida misma era.
Y sus amigos felices eran
y reían,
y sus enemigos también.
La cascada de risas era bella
y la suavidad en la promesa
de su voluptuosidad
alimentaba la ilusión
de los sueños cumplidos.
Pero el castigo del tiempo
se presentó al fin,
y las laceraciones hechas
hicieron que sus colores
lloraran y gritaran;
corrieran y se fueran a esconder
(pero siguen vivos).
Trabajaron y se volvieron grises.
Y su amor terminó;
y las risas
y la felicidad
de sus amigos y enemigos.
Ya no lloran, ya no rien, ya no cantan,
pero -a veces- creen que piensan que oyen en un lejano rumor
como el murmullo del agua. |
IV. La vida del agua.
Así es que le preguntó:
¿Vivir significa matar algo en cambio?
¿Tu triunfo significa mi destrucción?
¿No has podido vivir y crecer gracias a mí?
¿Acaso no estamos unidos?
Y en sus ojos él vió su grandeza y su vida,
que significaba la propia,
y la paz, y el amor, y quizo regresar,
pero su silencio contestó por él.
¿Es que no puedes admirar todo lo que tienes alrededor?
Así como me asombro de tus creaciones,
¿así me has llegado a entender?
¿No respetas la grandeza de lo que no ves,
la armonía a partir del ruido?
¿Es que acaso comprendes lo que ya no tendrás?
Pero su silencio contestó por él.
Y nunca creyó
que algún día pudiera llegar a oir
el murmullo del agua. |
V. Los cánticos del agua.
Yo no sé, pregúntale al agua.
No está aquí,
pero nos sigue llamando
(dinnos porque)
quizá es que necesitas ir,
como ella ha tratado de llegar a tí
(tan sólo parte de tu mundo).
Nos preguntábamos...
(¿Crees que ya perdiste?)
Si hay un cielo cierto para todos;
si lo puedes sentir, si lo puedes pensar, si todavía puedes reir.
Pero no es lo que te han dicho.
Mueven sus labios, pero ya no los puedes oír,
su música es real, pero no para tí;
los puedes ver, pero ellos no a tí,
(¿quieres ver tus colores?)
Prodigan su risa aquí, pero la tuya es interior.
Si cierras los ojos, verás tu mente,
oirás tu risa
y, tal vez, escuches el murmullo del agua. |
VI. El agua acercándose (a dúo con las estaciones).
Quizá piensas que ya no oirías los murmullos del agua,
quizá llegaste a imaginar que nunca volverías a ser joven;
tus promesas ya en fuga,
tus sueños ya lejanos.
Hay quienes fijan su vista en el futuro;
dicen que algunos no pueden dejar de ver el pasado (quizás),
he visto a quienes lloran, a quienes tiemblan, a quienes ya no albergan esperanza.
Y también he visto a quienes ya no quieren oir al agua.
Tu respiración, tu sonrisa, tus sueños,
(no son el murmullo del agua, pero cómo se le parecen);
no nos mires, porque te mostraremos cómo ser valiente.
No nos oigas porque te enseñaremos a escuchar tu corazón.
Crees que nos buscas, pero realmente añoras tus colores.
Pon un pie en el futuro
para que puedas vivir,
para que sientas el mar,
para que vuelvas a pensarnos.
¿Lo oyes?,
es el agua que se está acercando.
Tímida, a lo mejor,
así que debes ser valiente.
¿Lo oyes?,
es el futuro no prometido
pero siempre buscado.
Buscado,
como los murmullos del agua.
Israel Laureano verano 1994/noviembre 1999/Enero 2001 |
Los límites de la locura.
A veces lloro toda la tarde,
y en mis sueños
un hombre
rompe las cadenas
que protegen la puerta de mi habitación.
Ella me dejó
aqui
parado en la calle,
con este sol,
en la lluvia
y encerrado con esta humedad
y en la oscuridad
y con los esqueletos.
Y yo
y yo tan sólo me rio;
y mi risa es tan fuerte
que me dice que nada importa;
que no necesito nada.
Tiemblo
cuando pienso en la oscuridad
del vacío;
y el frío,
y el hedor que existe.
No es que me importe morir,
mi verdadero horror
es el pensar
en haber existido
sin haber dejado
recuerdo alguno.
Israel Laureano - julio 1994. |
Paradojas.
Tu alma se humedece con mis lágrimas;
porque mi corazón se ha desgarrado
con la imposibilidad del amarte
y el existir de mi ser.
Porque el fuego
que emana la dulce voluptuosidad
de tu cuerpo
carcome lentamente mis entrañas.
Ni la luz, ni los bailes, ni los cantos
pueden evitarlo;
suavemente mi mente
se esclaviza a tu pensamiento.
La suavidad de tu cuerpo,
la tibieza que tiene tu piel,
la embriaguez que en mí produce
tu perfume;
el intoxicante laberinto
en la música de tu mente
no pueden compararse con el deseo
que en mí produce
la extraña turbulencia
de la luz de la puerta.
Porque en mis sentidos
desvanecidos están los límites
(todo es infinito)
y te he visto tal como eres
(llora por mí)
hermosa y suave,
peligrosa y sutil,
etérea y omnipresente.
Israel Laureano - primavera 1995 |
Silencio.
Sólo encontró su silencio;
no le importó preguntar,
porque su soledad pesaba.
Ahora ya no importa.
Al principio rieron,
pero no fueron sus colores;
fue la risa de los malditos.
Ni entonces ni ahora importa ya.
Nadie habló,
nadie se presentó,
mas alguien le pudo advertir;
pero ahora ya no importa.
Sucedió después de suceder,
preguntó, pero no le contestaron ellos;
tan sólo una canción.
¿Una esperanza?
Ahora ya no importa.
Cuando importaba sólo se oyó a sí mismo,
de ellos (preguntale a ellos)
sólo encontró su silencio.
¿Una advertencia?
Ahora ya no importa.
Israel Laureano - junio 1995. |
Una mujer.
Pensamientos ridículos en 3 actos o
la mujer que habita en el cielo.
Una mujer cuya alma
tiene los acordes de la vida;
cuyos pensamientos
tienen la armonía de los sueños.
La mujer cuya sonrisa
baila como el aire juega con los árboles
y la felicidad existe en un claro de luna.
La mujer con el paraíso en sus ojos,
la mujer que habita en el cielo.
Israel Laureano - agosto 1995 |
Tú.
El deseo de tu carne
de existir en el aire;
apenas una conjunción
de elementos son.
El deseo de tu corazón
de ser etéreo,
al igual que tu alma,
apenas reflejo de los conceptos
que no podemos entender.
No sé como puedo seguir respirando
(seguir existiendo en esta dimensión)
si mi cuerpo
seguir tu ritmo no puede.
La eternidad
en la idea de tu belleza,
el ciclo del pensamiento
del que no puedo tomar parte;
en donde no puedo existir.
Mis inútiles intentos
de aprender de tí,
mi densa vida
de promesas incumplidas.
Muchas veces pienso
si es que algún día
podré ser como tú.
¿Por qué no?
¿Por qué tengo ese deseo?
Si yo quisiera ser etéreo,
si yo quisiera ser etérno;
si yo quisiera existir,
si yo quisiera respirar y ser feliz;
si mis ideas quisieran,
si mi cuerpo quisiera;
si mi alma fuera etérea
como tú.
Israel Laureano - otoño 1995. |
Añoranzas.
Estoy abrazando los años;
no sé si pueda tocar mi pasado,
no sé si pueda recordar mi futuro,
pero los sigo abrazando:
es lo que quiero tener.
He gastado todas mis lágrimas
pensando en mis deseos inútiles;
sé que quiero asir lo inasible,
y me mantengo abrazando los años.
Quisiera sentir tus abrazos
(dame tu tiempo)
quiero saber lo que quieres;
sé que sufro por mis sueños,
sé que quiero tocar mi pasado,
y sé que quiero recordar mi futuro,
sigo abrazando los años;
y quisiera no querer.
Israel Laureano - Junio 1997. |
A Lady Alexia.
Entre las ciudades y los campos
existen espacios
donde todos quisieran estar.
Pero sé que el espacio más bello,
el que tiene todas esas cosas pequeñas
que nos hacen vivir
es donde estás tú.
El bosque la vio venir
entre su espesura,
entre su oscuridad,
entre sus flores y su vida.
Alejada de los monstruos con sus azuladas mil
patas eléctricas;
por entre las hojas,
con toda su luz,
con su promesa de dias felices.
Yo estaba en el bosque,
y también la vi llegar;
como entre brumas,
como entre sueños,
con su ternura,
como un arrullo recordado de mi lejana infancia;
con su dulzura,
como la dorada luz matinal;
y con la infinita sonrisa
que algún dia vi en un sueño desvanecido ya.
Ahora estaban ahí: (y ahora sin ti soy nada)
los ojos
de la mujer más bella
que hombre alguno
haya visto jamás.
Israel Laureano - Mayo 1998 |
Para Vicky,
donde sea que el futuro te haya conducido.
Recuerdo no ser más que
un lejano punto perdido
en el oceano infinito de tu memoria.
Olvidado, insignificante, diluido ya.
Pero estoy aquí,
pensandote con mi corazón
soñandote ángel, pero despertándome solo;
aunque sólo puedo tener tu memoria,
no lo puedo evitar: (no lo podemos evitar)
espero por tí.
Hubo dias en que nos arrullaba la luna,
ahora ya no la puedo oir;
mi alma sabe que perteneces a otro
mi corazón sabe que no hubo un antes
ni habrá un después.
Sabedor de un corazón destrozado,
muchas veces quisiera decir "vuelve pronto, por favor",
pero ya mi voz no es mía.
¿Cómo ver tus ojos y no enamorarse?
¿Cómo conocer tu alma y no sentirse tocado por la eternidad?
¿Cómo haberte conocido y no amarte y no odiarte?
¿Cómo no esperar por tí?
Israel Laureano - Mayo 1998 |
Para Gina,
que en el tiempo se recuerde tu mirar.
Cuan dolorosa puede ser la caida de los ángeles celestiales,
Sabemos pensar en un cielo de perfección,
De dolor y tragedia.
Cuan grandiosos pudieran ser los entes vivientes
En semejante ambiente.
Cuan grandiosos son nuestros deseos de estar ahí.
Cuan grandioso puede ser el dolor de ya no estar ahí.
Todas las lágrimas del cielo,
Toda su flamígera furia,
Los recuerdos de la ruptura de nuestro corazón
Y demás sentimientos.
¡Todo lo pequeños e insignificantes que somos!
Los diseñadores del universo,
Los que saben del círculo, de las lágrimas, los fuegos y sus órbitas;
La perfección de todos los ángeles y los cielos;
Las promesas de otros mundos y su vida (nuestra vida)
¡Cuán dolorosa fue nuestra caida!
Ya no canto al dolor, pero sí a su llanto.
Ya no canto al fuego, pero sí a su pasión.
Mis lágrimas no son iguales a las de los ángeles.
Canto ahora a la esperanza y a su deseo;
A su lucha y su eternidad;
Al amor que es infinito,
A su mirar y a su pensamiento.
Israel Laureano Lazcano - Junio 1998 |
Reconciliación (un fragmento personal)
Hay veces que me logro mirar a mí mismo;
hay veces en que logro pensar en el infinito;
hay veces que sueño con el mar.
Cuando pienso en la soledad,
cuando pienso en mis lágrimas,
a veces recuerdo que el mar también está solo.
Aún lejos del mar...
Pero no para siempre.
Bajando suave, muy suave..., a la distancia,
sueño de la flor
la plegaria del mar.
El pensamiento y la sonrisa,
un amor escondido.
La vida me dió soledad,
pero yo pertenezco a tí.
Viajar hacia mis propias esperanzas,
(hacia el infinito),
poder hablar, poder respirar;
Cuando pienso que ya nada tiene sentido
(el frío del vacío).
A veces recuerdo que el mar es eterno.
A veces recuerdo haberme separado
de las viejas promesas de mi juventud.
A veces recuerdo que no estoy vacio.
A veces me siento lejos de tí
sé que no para siempre.
Israel Laureano - Marzo 1999 |
La lluvia infinita.
Y ahora,
¿dónde guardaremos nuestras lágrimas,
si has perdido la esperanza?
Estaba nublado cuando desperté
¿Recuerdas haberte llenado de muerte y tristeza?
Nunca debiste oirnos,
nunca debiste llorar,
nunca debiste recordar.
Ya mi cara seca,
como un lago cuya muerte
hace mucho nadie recuerda.
Mis difíciles lágrimas cuarteadas
ya encerradas en un alma olvidada por el tiempo,
ya recordadas por una vieja imagen nunca olvidada.
No por siempre estará oscuro,
(nunca mueres todos los días)
no siempre encuentres lluvia;
nunca nos oigas ya,
nunca recuerdes tu olvido.
No sé porqué siempre es así,
no sé porque tengo esto sobre mí;
muchas veces quisiera que pudiera ser de otra manera,
mis lágrimas olvidadas se deben a mi grandeza;
pero ya nunca a mi olvido.
Israel Laureano - Agosto 1999. |
Calaverita cienciaficcioñera.
En la explosión de una supernova
ya los cienciaficcioñeros quedaron,
ni todo el escuadron de blade runners
ni el consejo jedi
siquiera salvarlos trataron.
Pero, al final, lo más importante quedó
más allá de esta tosca materia,
más allá de las puertas de Tannhausser
y sus centelleantes rayos-C;
solamente su literatura sobrevivió.
Ni crean que a otra galaxia pueden huir,
ni en el pasado ni en el futuro los voy a dejar;
y en el infierno, junto con vampiros y zombies
de ahora en adelante se van a asombrar
porque mucho miedo van a sentir.
Israel Laureano - Noviembre 1999.
|
Para Jackie
en este mundo de complejidad y odio infinitos
tengo certeza en tí,
y sé que tengo la certeza de tu luz.
Es entonces cuando dejo de llorar y las veo; (¿sonrisas?)
a veces pienso que son sonrisas,
y que siempre son frágiles; (como tus colores)
en este mundo terrible
donde nuestros fantasmas son
mas grandes que nuestros sueños.
Creo que te he oido,
veo el cielo (la felicidad en tus ojos)
y pienso que estás ahí.
Creo que te he visto,
oyendo el rugido del mar (y ya no tienes miedo)
Siento mi corazón
y sé que estás ahí.
¿Puedes venir a mí?
Duermo y no te lo puedo pedir.
Sé que lo que sueño es lo que no se puede soñar,
y sólo he aprendido que tengo un vacio en mi corazón;
Pienso en tí mientras me abrazo a mí mismo
pero alzo la vista y oigo
al mar que sigue cantando (ella vendrá cuando despiertes).
Por favor, ven a mí,
quiero sonreir, pero no sé si sigo soñando,
no sé qué necesito para despertar,
no sé cómo decir lo que siento.
Quiero el cielo,
pero tengo tu risa;
quisiera huir,
pero tengo tu valor;
quisiera soñar,
pero tengo los cánticos del mar.
Israel Laureano - Enero 2000 |
Los diminutos.
Apenas intuyendo los lujos de tu alma,
apenas recordando mis famélicos descansos;
apenas llegando al mar.
Si en algún momento llegué a dudarme,
entonces quisiera que, como mis ya antiguos e insistentes pecados,
esa duda estuviera desterrada ya a mi pasado.
Recuerdo, a lo lejos, haber llorado;
recuerdo, entre mis lágrimas, haber reido.
Sé que quisiera recordar mi felicidad,
y sólo pienso en los cánticos del mar.
Y no me importa si alguna vez pensé en lo diminuto que fui,
porque te puedo sentir a lo lejos, en la brumosa luminosidad
y corro hacia ti como quien busca una oración.
Por eso quisiera llegar ahí,
estar llegando a tu piel,
al perfume de tu risa,
a la ternura de tus sueños,
a la brevedad y frescura de tu sonrisa,
al brillo de tu mirar.
Te veo,
quieta y solemne
mientras yo palpito tu imagen,
mientras yo camino seguro hacia tí
(abrázame, quizá algún día),
mientras estoy sentado en esta piedra sin memoria,
afortunada,
porque no guarda el recuerdo de su dolor.
Recuerdo haber roto, en algún momento, las cadenas de mi puerta;
llanto de la oscuridad, grito de su libertad.
(nadie comprende tu locura).
Ojalá pudiera recordar mi futuro.
Israel Laureano - Marzo 2000 |
Recorriendo el tiempo.
Para Esmeralda.
En memoria a un sentimiento.
Tan sólo este deseo de correr,
de esconderme,
de cubrirme los ojos y pensar que el mundo ya no es.
Pensar que llegué a creer que corría
para seguirte buscando.
Creí que tenía que recorrer el mundo
buscando el mar,
esperando por tí.
Y pensar que nunca vi las tormentas en tus ojos.
Nunca pensé en el trueno de tu valentía,
nunca creí que tu también estabas corriendo.
Esperando sin tí (tu sonrisa en el tiempo).
Nada por perder (pensábamos)
mientras cruzaba el tiempo,mientras buscaba por tí.
Oigo la valentía del futuro,
los arrullos de la vida
y veo mis lágrimas como en una suave pendiente.
Quisiera que me enseñaras a no llorar.
Quisiera me enseñaras a reir de nuevo.
Quisiera ya no tener miedo.
Quisiera ya no recordar.
Quisiera vivir.
Quisiera (quisiéramos).
Estoy oyendo el tintineo de tu alma,
oigo la sonrisa de tu corazón.
(Tan sólo un deseo) pero la música del mio;
ojalá oiga mi correr hacia tí.
Israel Laureano - Octubre 2000. |
Días Rebeldes
Otra vez, por suerte.
(Lo siento mi chavo, pero es como si esperaras algo)
Está en el fondo del corazón,
está en la base del pensamiento.
Adelante, siempre surcando el mar
aun sus tormentas y borrascas
aun tu alma triste
aun tu débil corazón.
(Yo también te quiero, pero cuídate de mí)
Pensabas en dulces e ingenuas promesas,
imaginabas la promesa de un nuevo cielo azul,
soñabas con un mar tranquilo y suave.
Una vez soñaste el valor de vivir;
soñabas las sonrisas del futuro;
te olvidaste de tus promesas del pasado.
(Sonrie, somos los malditos, los días rebeldes)
Llegaron los nuevos tiempos:
llegó el frío,
el achispamiento de la muerte;
llegó la oscuridad,
el movimiento por la vida;
(y habían dicho que el amor era un templo)
llegó el aire,
el que es cruel y seca tus lágrimas;
nunca el que espera,
el que es uno y que debes ser valiente.
En el mar y los días rebeldes.
Israel Laureano - Noviembre 2000 |
Calaverita para Alan.
Se encontraron Alan y la calaca;
Y tanto tanto Alan se rio,
Que al panteón la flaca se lo llevó.
¡Ay escuincle canijo!
Hasta en la fosa se está riendo el muy pijo;
Pero pronto vas a llorar
Porque a tu familia vas a extrañar.
Brenda Aguado Laureano/Alan Jair Laureano Sorcia/Israel Laureano Lazcano - Diciembre 2001. |
Todavía.
Sonriendo sé que no estás aquí,
sonriendo sé que vives en el futuro.
Y es que todavía sueño,
y es que todavía siento,
y es que todavía duermo,
es que todavía añoro el mar.
Sueño con flores,
(pero ellos están aquí)
suspiro, sonrío y respiro;
y es que algún día
soñé que tu amor ennoblecería el día y la noche.
¿Qué piensas?
(azul)
¿mirar el cielo mientras hay lágrimas
prisioneras de tus ojos?
(verde)
¿Sonreír mientras lloras,
mientras duermes,
mientras sueñas?
(blanco)
Triste reyezuelo del mar.
(aquí estamos, míranos).
No pienses así de mí (nosotros)
no puedo más que ofrecerte
mis lágrimas y mis sueños;
y es que todavía espero por tí.
Israel Laureano - Febrero 2004 |
La casa de Tonatiuh.
A Eliseo "Harris", Rolando y Alejandro
que se nos adelantaron a
echarse un pulque en el Tlalocan.
Sí, tienen razón:
un hombre tiene que hacer lo que debe hacer;
e irnos es siempre una obligación.
A Dios demos gracias
por darnos la vida
y otorgarnos la muerte.
No creo que los demás comprendan
no creo que los demás puedan ver a través de sus lágrimas
no creo que los demás imaginen
lo felices que están
ahora que han llegado al mar.
Israel Laureano - Mayo 2004
|
Deseo futuro.
Para Fernandita,
que el brillo de tu alma
esté contigo en el futuro.
Piensas que
ya puedes distinguir el dolor de la felicidad,
y dices que
ya has visto tus colores (mientras yo grito)
que nunca vas a cambiar tu papel en la obra
por un estelar en una jaula. p>
Mi alma sigue esperando, sola, en la punta de un cerro
mientras el viento la atraviesa, frío e inclemente,
la rompe, juega, la mastica y la escupe
(ellos dicen que ya está oscureciendo, pero no les creo)
a lo lejos he visto tu luz (pero no sabemos si vienes o vas).
¿Puedes recordar el futuro?
¿Tu futuro?¿Mi futuro? (gritan “nuestro futuro“, pero no les creo),
¿Me puedes salvar de mis miedos o me dirás lo que he soñado?
¿Crees que puedes detener mi llanto?
Quizá necesite no oirte para escuchar tu voz,
Quizá debiera romper los momentos que forman mi tiempo
para que mi corazón viva en el tuyo,
para que mis piernas no se rompan al seguirte.
Quizá debiera confiar en tu armonía, vivir tu luz, oir tu canto;
quizá debiera dejar de pensar que tengo algo que decirte.
Sigue brillando, creo que es mejor así.
Israel Laureano - Julio 2007 |
XXXX.
El deseo del paraíso,
la pesadilla de la realidad.
(y una tonada en el corazón)
Los recuerdos dispersos
de un pasado que nunca pasó,
de un futuro que solamente existe en sueños.
Vivir una realidad que ha existido siempre
por entre mis pesadillas.
(y un temblor en mi espina dorsal)
Fantasías de muerte,
sueño de vida.
El deseo del dolor.
Y ellos
y ellos
que no salen de mi cabeza.
(un dolor abominable arquea mi espalda)
Mis hombros como cables de acero
y no sé si algún día llorarás ahí.
El dolor de no saber de mí, de tí, de ustedes.
Las lágrimas de mi presente.
(un placer casi inconcebible arquea mi espalda)
Mil pasos a la sabiduría,
mil pasos a la sensualidad,
mil pasos al infierno.
Israel Laureano - Julio 2007
|
Con el mar en mi corazón o la canción de Katia.
Piensas en la valentía
cuando has llorado el mar.
Lloro porque sé que muchas veces tu imagen me duele
pensando en tí, soñando en tí, siento tu sombra acariciándome
(y mis colores gritan)
cuando soy inasible por las otras siluetas.
Tengo la fe de soñar contigo,
mas no sé si pueda dejar de llorar
para despertar y beber tu presencia.
Sueño que algún día (quizás)
tu escencia de ángel me pudiera rozar,
tus alas pudieran tocarme
mientras las voces de mis lágrimas
cantan tu valentía, tu libertad
y la música en tu mente (soñé que casi me querías)
se digna a sonreirme.
A la mitad del camino (podemos oir tu sonrisa)
entre mis lágrimas y mis sueños
encuentro un pensamiento extraviado:
pequeño e indefenso,
y me dice que un minuto junto a tí
hará que toda mi vida tenga sentido.
Pero tengo que dejarlo ahí,
desvalido e insignificante,
con la esperanza tan sólo
de un reencuentro feliz (tal vez, cuando tus colores rían).
Cuando haya claridad,
cuando haya luz,
cuando ya no añore el mar en mi corazón.
Israel Laureano - Julio 2007
|
Páramo (por favor, libera mi alma).
No es polvo esto que tengo en mi mano,
es tan sólo el recuerdo de un hombre triste
que un día tuvo la mala suerte
de amar demasiado.
Aquí, sentado en este páramo,
en esta piedra seca,
puedo sentirte, puedo soñarte,
puedo sentir como arrancas mi aliento
con cada mirada tuya
mientras espero a que tu imagen, tu silueta
me hagan despertar a la vida.
Mi corazón late tu presencia
mientras lloro, mientras sueño tu futuro
y mi cuerpo queda inutilizado (ya tienes mi corazón, ¿por qué no tomas lo demás?)
si no es para llegar al mar.
Oculto en el viento,
oigo tu ausencia (oimos)
y siento el miedo llenar mi alma
porque sin tí voy a estar en ruinas, en el olvido.
Veo la imagen de la mujer que amo
la que me va a destrozar el corazón,
la que me va a destazar el alma,
la que me va a hacer vivir otra vez.
Su sonrisa hablando la lengua de los ángeles,
sus gestos (nuestra intención nunca fue molestarte)
y el dolor de su amor
(no te preocupes, el amor es real).
Israel Laureano - Agosto 2007
|
Para Moniquín
porque nos ha enseñado que
la felicidad se puede alcanzar,
que existe un mundo más allá de la maldición.
Tú y yo compartiendo memorias
mientras afuera llovía
en tu camino a casa
cuando con alas rotas aprendiste a volar
cuando tus colores esperaban a ser libres.
¿Te dolió despertar a la vida?,
¿te sorprendió oir tus colores?,
¿fue difícil aprender a vivir?
Ver la luz y sus sombras
oir el agua y su flujo
tu corazón y su valentía
tus sonrisas y sus cánticos.
Aprendiste a cultivar tus sonrisas,
aprendiste a reir otra vez,
a cantar, a bailar, a vivir,
a hablar con palabras verdaderas
(y nosotros ya no sentimos miedo).
Podemos oir la armonía de tu alma (ojalá tú también)
ahora que estás llegando al mar.
Israel Laureano - Agosto 2007
|
El hijo de las estrellas.
Sonrio y miro al cielo, a las estrellas
porque sé que un día dejaré de soñar con ellas
y empezaré a tocarlas.
Mil años a través de este desierto amoral
donde el viento transporta un gemido de muerte
lame mi piel y reclama mis lágrimas y mis sueños;
un hedor subsónico lacera mis sentidos
amenaza mi consciencia, hace temblar mi carne;
pero sigo vivo,
mi corazón aun late por tí.
Mil años soñando con el mar,
mil años esperando sentirme vivo,
mil años esperando el murmullo del agua y tu tibieza,
mil años pensando ser feliz,
caminar por aquí,
por entre los muertos y el dolor
porque aun te amo.
Mil años en la travesía,
a través del vacío, de la civilización,
mil años encerrado en este hoyo, en esta mazmorra,
esperando dejar esta tosca materia, esta concha, esta membrana inútil;
mil años buscando tu sonrisa
porque aun te deseo.
Veo los sueños y esperanzas de los demás
en las sombras, agazapados, temerosos,
buscando ángeles y huyendo del frío,
mientras camino, mientras huyo
con la oscuridad y la locura tras de mí,
mientras voy a la luz, mientras busco el mar.
Confianza en tus cánticos,
sueño de cielo y de paso al infierno,
mil años con los gritos de los malditos,
mil años buscándo mis colores, mis sueños,
hasta que encontremos el camino a las estrellas,
el sendero al mar (esperamos),
el camino a la luz (sonreímos),
al aire, al agua, a las risas (vivimos).
Al hijo de las estrellas.
Israel Laureano - Septiembre 2007
|
Punto Nodal.
Como un caleidoscopio tetradimensional,
como estar perdido en la modulación polarizada
de una luz en un espacio de diez dimensiones generada,
así mi mente puedo sentir
cuando pienso que la flecha del tiempo
más grande que el vivir
me ha convertido.
Aún a través de este pasadizo dimensional
de tu voz el eco puedo escuchar
tu tristeza y el ansia de perdón clamar.
Pero...
Alcanzarme ya no puedes
en este nido de plasma interestelar,
en este nivel moral y de pensamiento;
tocarme ya nadie debe
¿no lo ves?
Tu mano estrechar ya no puedo,
mas en mi pensamiento sigues viviendo.
En el planeta que me vio nacer
brisa de verano;
en el bosque y los árboles
lluvia de primavera
que alguna vez
mi cuerpo humano abrazaron;
que alguna vez en mi mente
su sonrisa prodigaron.
Alguna vez
mis ojos lloraron
y en mi boca una risa habitó
alguna vez con el mar
y con ver mis colores soñé
antes de pensar,
antes de conocer y saber,
antes de a las estrellas
y a la eternidad navegar.
Israel Laureano Lazcano - Octubre 2007.
|
Imaginando el cielo.
Para Ivón,
la mujer-ángel,
la que cayó del cielo,
la del paraiso en su mirar.
Sueño con el café de tus ojos,
la huella que tus labios olvidaron en los míos. p>
Brillo de tu amor infinito,
instante de ternura alguna vez soñada.
Perfume en el que viajo a tu luz, a tu mente,
con el que me pienso digno de tí:
merecedor de tus sonrisas, de tu voz
de la eternidad de tu alma.
Siento si alguna vez tragué mi dolor
siento si alguna vez tuve miedo
de ya no tocar tu piel canela
(¿cómo tener miedo si vi el paraiso en tus ojos?)
perdóname si mi fe
no fue tan grande como tu amor.
Libertad en tus manos
que me enseñaron que el amor llega
cuando uno pide ser amado.
Despidiéndome entre sonrisas,
entre la felicidad de tu naturaleza angelical
te he permitido mi corazón tomar
cuando a cambio tu amor me hayas
permitido tocar.
Israel Laureano – Noviembre 2007. |
Normalidad.
Hace tanto tiempo ya,
tan lejos ya;
llegando a parecer tan cercano,
tanto tiempo ha.
Antes de nosotros,
tan, tan lejos,
antes de que tu maldición
tus sueños rompiera.
Desde mis dolorosos recuerdos dispersos
desde los cánticos antiguos,
desde mis sueños añejos y vetustos ya,
desde los latidos de mi corazón
que alguna vez en mi mente habitaron.
Ahora, mi vida como charada,
bajo el yugo de un fantasma
externamente impuesto.
Hubo un tiempo
en que pensé llegar a sentir,
en que esperé a que mi espera terminara.
El futuro nunca perteneció a nadie,
mis sueños nunca fueron míos
mi vida como agua
mi presente como arena.
Los caminos del dolor,
la esperanza del mar.
Israel Laureano – Marzo 2008. |
Creencia.
Cuando quise darte mi tiempo,
¿acaso llegaste a pensar que eras especial?
Con nubes en mi corazón
y un amor que nunca he visto.
Con una espera que se antoja infinita
y un mar de ubicación desconocida. p>
Y un miedo apenas contenido
cánticos susurrados a mi oido
(amor etéreo, cantan ellos)
y un alma que no empieza a agonizar.
¿Podría yo respirar tus recuerdos?
Mis lágrimas nacen aún
antes de saber que nunca será así;
me pregunto si alguna vez llegará mi tiempo,
aún sabiendo la inutilidad de mis sentimientos.
¿Puedes sentir cómo me empiezo a desvanecer?
¿Me recordarás cuando ya haya desaparecido?
¿Mis recuerdos podrán cantar?
Israel Laureano – Junio 2008.
|
|
Creada por el muy poco noble y muy poco insigne señor don Inge y los Malditos
en esta leal, santa, infausta y mefistofélica ciudad de México el
13-Tochtli de la veintena Toxcatl del año 12-Tochtli (gregoriano: 5 de Junio de 1998).
Fecha de última actualización: 13-Calli de Tecuihuitontli del año 9-Tecpatl (gregoriano: 12 de julio de 2008).
Fecha espacial: 2692.05